Voy a dejar impresas las palabras que, por medio de nuestra hija Sara, Mario quiso decir ese día sobre la exposición. Algunas personas que asistieron me lo han pedido y como siempre quise que esta exposición fuese algo interactivo, donde la gente participase de ella en cierta medida.
Creo que son grandiosas y merecen quedar recogidas como una parte misma de la exposición, aparte de que reflejan muy bien el tiempo de preparación esta exposición. Y creo que mi familia es la que más ha sufrido las consecuencias.
Mientras la preparaba, solía pensar que, en cierto modo y salvando las distancias, esta primera exposición era como un embarazo, foto a foto, con ilusión, con dudas; pero que nació sana y salva este lunes.
Sin más, estas fueron las palabras:
“Me ha pedido Marta que diga algo acerca del acontecimiento que nos ha traído hoy aquí. Mi nombre es “anónino” y la que esto lee es mi hija Sara. !Saluda Sara¡ Yo soy la presencia ausente o la ausencia presente, según se mire; el que debería de estar y no está, un inútil con cargo o un cargo inútil, nunca lo sabré.
Terminadas las presentaciones vayamos al lío. Hoy estamos (es un hablar) en la inauguración de una exposición fotográfica: ambiente, amigos, copitas, charla, snacks, risas, miradas… y fotos. La culminación de una idea que se convierte en dos, luego 4, luego 16, luego 1000 y después en 500, 250, 20. 20 ideas que a través de 20 decisiones una mente de artista ha sabido recoger del infinito mundo de la luz y ponerlas hoy aquí, delante de nosotros.
Desarrollar una mente de artista requiere, digo yo, del deseo abismal de querer mirar el mundo con ojos golosos, de la necesidad imparable de mover lo quieto o de diluir de nuestras cabezas las palabras culpa, asfixia, chiripa. Hay que tener valor, ganas y persistencia para querer convertirse en artista como Dios manda. La mayoría de nosotros abandonamos la primera vez que dibujamos una casa, plana con 4 ventanas y chimenea o le hicimos una foto a una y nos salió movida: otros, sin embargo, están irremediablemente condenados a serlo.
La manera más habitual de enfrentarnos con la imagen de un artista es la de alguien “bohemio” o sea cualquiera que haga cualquier cosa pero que se le note. Yo os contaré la mía: me enfrento a la imagen de una mujer, casi toda su vida ha observado lo que le rodea, ha intentado plasmar su visión de muchas maneras, dibujando, pintando, trabajando la arcilla o el corcho blanco. En un momento dado, sin saber muy bien porqué, decide cambiar el punto de vista de las cosas y va y forma una familia, pero sigue plasmando lo que ve, ahora con pasta de croquetas, punto de cruz, lágrimas y leche de continuación.
La única herramienta que no cambió en toda su vida para mirar a su alrededor fue una cámara de fotos.
Y en estas estamos hoy en día: mujer, artista, esposa, artista, madre, artista, fotógrafa, artista…
¿Qué vamos a ver si nos paramos en esta exposición? Yo no sé mucho de estas cosas pero lo que he visto nacer y crecer por mi casa durante meses se parecía mucho a 20 pedazos de un corazón grande, sin boca para poder hablar y sin ojos para poder llorar.
Son imágenes evocadoras, cazadas con un cazamariposas y sin hacerles daño para que nos traigan sensaciones de las buenas, incluso, si les dejamos, sensaciones que no conocíamos. Cada foto está tratada con una exquisitez desbordante, casi enfermiza, como imágenes en peligro de extinción, como la última imagen recogida en la tierra.
Ya lo he dicho, yo no sé mucho de nada pero en esta muestra de fotos puedo ver toneladas métricas de trabajo, fuerza para aguantarlo, inteligencia esencial de esa que no brilla y nadie la comenta pero que es vital como el respirar, y sobre todo, una voluntad descomunal, exasperante en muchas ocasiones (os lo digo yo), para llevar a cabo este proyecto.
El éxito de esta obra no se lo vamos a otorgar nosotros, está ahí, lo tenéis delante. Ahora Marta ya sabe el camino.
Y ahora que definitivamente nadie está escuchando esto, te puedo decir que pase lo que pase tú eres la maestra de la que me siento orgulloso (yo desaparezco y tú lo haces todo) y que cuando quieras o sientas necesidad de expresar un poco de arte aquí (bueno aquí creo que no, es un hablar ya sabes) estaré yo para recibir clases.”
Gracias a Mario por todo. Estas palabras las llevaré dentro.





